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“Pero no estás gorda” – Viviendo con una imagen corporal dañada

“De qué estás hablando, vos no sos gorda”. ¿Se supone que diga “Gracias”? Lo dicen como un cumplido, como un consuelo, inclusive.  Bueno, pues resulta que eso no me ayuda a mí, Y NO LE AYUDA A NADIE EN ABSOLUTO; pero así hemos aprendido, así hemos sido socializadas. Hemos asimilado e interiorizado que “ser gorda” es algo totalmente indeseable, algo a lo que temerle, una ofensa grave. Hemos pasado tanto el límite de la sensibilidad, del valor humano y de la empatía, que consideramos que el calificativo “gorda” nos quita valor como personas.

Tenemos tan tergiversado el principio del valor humano, que esperamos el momento en que nos digan “Estás más flaca” para llegar al cielo de la autoestima y sentirnos triunfantes. 😐

Anhelamos escuchar “Qué linda te ves, ¿has bajado de peso?” para exclamar emocionadísimas “¡Ay sí, gracias!” como el mayor logro; para sentirnos más valoradas, más especiales, más seguras, más merecedoras. Así de distorsionado está el sentido de valía que tenemos de nosotras mismas y de las demás personas. #fail

Una de las razones por las cuales nunca antes hablé sobre mis problemas con mi imagen corporal es que tengo un cuerpo que en esta cultura es considerado “normal” (pero qué es la normalidad, really…).  Si mencionaba algo sobre mi inseguridad, la respuesta era continuamente: “Pero si vos no estás gorda”. ¿Entonces por qué rechazaba tanto mi cuerpo, mis muslos, mi abdomen, mis nalgas, mis brazos, mi cara, mi pubis, mis senos? ¿Por qué me sentía tan ofendida por mi cuerpo?

Se suponía que tenía que verme como aquella chica abdomen-plano-nalgas-de-acero-tetas-firmes-brazos-tonificados para ser feliz, para encontrar el amor, para tener un buen trabajo. Pero yo no lucía como esa chica, la que siempre ponían en anuncios, películas, revistas. Yo era… yo. Y yo no era suficiente.

Así es que no fallemos: el tipo de cuerpo no importa al tener problemas de imagen corporal, problemas de ansiedad, de inseguridad, de autoestima. 

Esto no le pasa solamente a las mujeres que en esta cultura son utilizadas como la representación de la palabra “gorda”, aunque tal vez sean las que más han estado expuestas a burla y prejuicios en nuestra era.  Le pasa a las mujeres que son consideradas muy delgadas, a las que son muy altas, muy bajas, muy intensas, muy emocionales, muy musculosas, muy sensibles, muy velludas, muy voluptuosas, muy complicadas, muy lo-que-sea.  Todas, en alguna medida, hemos sentido el dolor de no ser suficientes, de no calzar con un ideal, de querer ser alguien más, de sentirnos como un objeto, de ser sólo “un pedazo de carne”, de sentirnos menos que, de ser definidas por nuestro cuerpo.

Yo “no era gorda” e igual vivía en una guerra constante conmigo misma, igual sentía cosas horribles hacia mi cuerpo. ¿Por qué el “Vos no estás gorda” no servía PARA NADA de consuelo? No entendía… Se suponía que debía de hacerme sentir mejor, ¿no? Es decir, la gente me lo estaba diciendo y, claro, la opinión de los demás es lo máaaas importante, you know? #yeahright 😒

Hasta que un día tuve UNA respuesta (porque hay varias respuestas): Aunque yo no fuera el cuerpo “gordo” que visualizamos cuando pensamos en una persona “gorda” (lo cual sólo habla de las ideas que nos han sido implantadas desde niñas), sí tengo grasa, y la verdad que todo se resume en la bendita grasa -¡y la pobre es súper importante para montones de procesos fisiológicos que nos mantienen con vida!

La grasa en esta sociedad es juzgada como indeseable.  Está mal, es la encarnación de la pereza, del exceso, del descuido.  Por lo tanto yo, una persona con un cuerpo que muchos pueden considerar “no-gordo”, seguía teniendo problemas con el hecho de mostrarlo en la playa, de verme en el espejo, de aceptarlo porque, bueno… Tenía grasa. Tengo grasa. BIG DEAL!

Mi imagen corporal estaba tan deformada que según yo no podía tener ni-un-gramo-de-grasa.

Mis piernas inquietas: demasiada grasa. Mis nalgas redondas: demasiada grasa. Mis brazos apapachadores: demasiada grasa. Mi cintura salsera: demasiada grasa. Mis cachetes sonrientes: demasiada grasa. Mi espalda fuerte: demasiada grasa. ¿En qué Universo se puede decir que esto es vivir? ¡ESTO NO ES VIDA! 🙇‍♀️

Dejemos de tenerle miedo a la grasa.  La tenemos, la vamos a tener; unas más, otras menos. Si tu cuerpo es tu casa y sentís que necesita algunos ajustes y remodelaciones, hacelas, pero que tu intención sea crecer, florecer, amarte; nutrirte en cuerpo, alma y espíritu; sentirte bien desde adentro.  No lo hagás desde la culpa, la envidia, y el resentimiento hacia ese cuerpo que te da la posibilidad de vivir en este mundo. Hacelo porque tu alma está contenida allí… Y la verdad que sería lindo tenerte por acá por un buen tiempo.

Besos grandes grandes 😚💖
¡Mucho amor!
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